viernes, 2 de enero de 2009

Nothing else matters

Me duele el estómago y me arde la garganta. Son las 9:45 am y acabo de vomitar un atracón y parte del desayuno. Es decir, estoy haciendo dieta desde hace un tiempo, la respeté a rajatabla durante una semana, pero después la empecé a romper y a vomitar lo consumido fuera de el régimen. Por lo tanto desayuné, pero una vez que puse mi estómago en movimiento, él quiso más comida, y tuve que comer más y más hasta que me qedo la comida atragantada.
Ésto es típico en mí, digo, romper las dietas, sino no pesaría lo que peso, pero que alguien me explique cómo se puede respetar una dieta sabiendo que si la rompes hay una solución fácil y rápida para descontar lo comido: el vómito.
Ya no me acuerdo lo que era sentirme culpable por haber comido algo que no debía y dejarlo seguir su curso, es decir, digerirlo.
Hacía varias semanas que me venía dando vueltas por la cabeza la idea de el vómito, la idea de poder controlar lo que yo quería para mi cuerpo y lo que no, pero sin privarme de las cosas que me gustaban.
El primer día que vomité estaba en mi casa, sola, y acababa de comer mucho de algo que no me acuerdo qué era exactamente, pero sí me acuerdo que tenía muchas calorías, y lo peor era que antes de eso había almorzado.
Yo tenía un par de amigas bulímicas, que aunque no las había incitado a que dejaran de vomitar, tampoco las incitaba a lo contrario. Yo sólo me limitaba a consolarlas y a tratar de que el problema no se les fuera de las manos, osea, en cuanto tuvieran el más mínimo problema de salud las controlaría. En una oportunidad hasta me había contenido de preguntarle a una de ellas qué método usaba para purgarse.
Ya había hecho unos trabajos contra la anorexia y la bulimia en el colegio, casi que me sabía todos las consecuencias que traían estas enfermedades al que las padecía. También había leído el libro abzurdah de Cielo Latini, y me auto-mutilaba para cortar mis ataques de depresión que sin contar algunas excepciones, se daban porque odiaba mi cuerpo o por algun chico que nunca me iba a mirar por mi sobrepeso.
En fin, era una persona saludable si no se contaban los kilos que tenía de más, y sabía en lo que me estaba metiendo. Pero aún así me dije a mi misma: "Si pudiera simplemente volver atrás y no comer lo que comí", y entonces mi mente me dió una solución, un poco tonta, hasta un poco arriesgada quizás. Yo sabía lo que en términos generales hacía una bulímica para vomitar, y además muchas veces en mi vida había vomitado, entonces tampoco me daba extremo asco.
Fui al baño y me mire al espejo. Una papada, cachetes gigantes, una cara horrible, quizás lo único salvable eran mis ojos o incluso un poco mis dientes, no podría decir que apreciara nada más de mi cuerpo.
Me agaché sin flexionar las rodillas en dirección al inodoro, levanté la tapa del inodoro y metí dos dedos en mi garganta tocando mi campanilla, me quedé así por un buen rato, hasta que me agarraron arcadas y me empezó a faltar un poco el aire. Sentí como los músculos de mi esófago se contraían y pensé "¿Por qué no sale?", entonces intenté una vez más. Ya tenía los ojos rojos y un poco lagrimosos. Esta vez tampoco quiso salir, a pesar de que estuve más tiempo intentándolo. Estaba por salir del baño cuando me mire de nuevo en el espejo.
Entonces abrí el botiquín y saqué mi cepillo de dientes, me agaché nuevamente en dirección al inodoro y lo meti en mi garganta, esta vez estuve más tiempo aún, y lo logré. Sentí como la comida empezaba a subir, respiré un poco y lo volví a intentar.
La comida salió y se estrelló contra el inodoro, y yo entre lágrimas y ardor me reí ásperamente por que había triunfado.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario