jueves, 28 de enero de 2010


(Sólo espero que no me cierren el blog por contar mi verdad)

Así es como duele. O mejor dicho, así es como se supone que duele, pero es peor.
Por eso lo hacemos. Lo hacemos porque nos hagamos lo que nos hagamos en el cuerpo, el dolor que llevamos dentro es mucho más fuerte.
No es cosa de emos, no es cosa de suicidas. Dejen de ser tan cerrados y de prejuzgar. Lo hacemos como quién fuma para mitigar la ansiedad, como quien se droga, como quien se embriaga.
Lo hacemos porque en algún punto que ustedes no entienden, nos ayuda.
Nos ayuda porque nos calma, porque ésas pequeñas gotas nos dan éxtasis, ése éxtasis que tapa el dolor. Ese dolor que desgarra, que te deja sin aliento. Que a veces es tan fuerte, y tenés tantas ganas de llorar, que te ahogas en tu propio llanto. Porque ese grito lucha por salir pero no puede, porque se atraganta. Se atraganta consigo mismo, se atraganta y duele, duele el pecho, duele el alma. Duele que no salga, y que se quede. Duele y por eso lo hacemos, lo hacemos para dejarlo escapar. Es nuestra forma de dejarlo escapar.
Dejalo libre, dejala correr, que corra. Que corra y que no vuelva.
Pero vuelve. Y lo volvemos a hacer, lo volvemos a hacer porque el dolor esta vez es mas fuerte, y no estoy hablando de un dolor físico, como un corte o una quemadura, estoy hablando de un dolor mucho mas profundo.
Estoy hablando del corte mas profundo que te puedas hacer, pero que a la vez es imperceptible, porque no deja marcas en la piel, las deja adentro, quemando todo a su paso.
Por eso lo hacemos. Lo hacemos porque nos ayuda, nos alivia, nos saca un poquito de ese otro dolor, y lo deja libre. No importa si vuelve, ya sabemos que va a volver. No importa si vuelve porque lo vamos a volver a hacer. Porque es como el whisky para el borracho, la nicotina para el adicto al cigarrillo, la heroína para el drogadicto. Es nuestra droga.